La tormenta de una noche de verano
Aquella noche presagiaba tormenta. Antonio regresaba sólo a la finca donde trabajaba, tras reventarle la rueda de su bicicleta. Allí en el delta del Ebro, rodeado de campos de arroz, Antonio pudo seguir el camino y llegar vivo gracias a las descargas eléctricas de los rayos de la tormenta que le hicieron de guía intermitente. Una aventura, que le marcaría para siempre y que aun hoy recuerda con miedo.
El emigrante que fue alcalde
Tras el servicio militar Virgilio volvió a Bogarra, su pueblo, dispuesto a hacerse guardia civil, pero las opiniones desfavorables del cura, el alcalde y el jefe local de la Falange, lo impidieron. Años más tarde emigraría a Francia, donde descubrió los valores de un país en democracia, que más tarde le servirían en su labor primero en la UGT y más tarde cuando con un grupo de amigos encabezados por el sacerdote, un maestro y él decidieron constituir la agrupación local del PSOE, partido por el que Virgilio resultó elegido alcalde de su pueblo en 1983.
El poeta de Alatoz
A Antonio le llegó la inspiración con la jubilación, o quizás simplemente es que entonces como dicen le pilló trabajando. Con 66 años escribió su primer poema. Desde entonces ha sido un no parar 114 rimas a las que denomina Estrofas sin fundamentos, un cuento, un poema a su esposa, otros tantos a Alatoz, una elegía a un antiguo amigo e incluso, retando al propio Miguel Cervantes, se atreve con su propia versión de El Quijote de la Mancha: “El Quijote, a mi manera”.