Hay muertos que no hacen ruido…
“Hay muertos que no hacen ruido, pues es más hondo su pesar”, así empieza una popular ranchera que expresa fielmente la devoción que sienten los mejicanos por los muertos. Una devoción que Agustín conoció y vivió en los años que residió en México, donde llegó exiliado de pequeño. Sin embargo, Agustín se hizo mayor y tras abandonar la escuela de Morelia se puso a trabajar en un almacén en San Luís de Acatlán, de donde salió corriendo tras varias noches de insomnio a cuenta de un fantasma.
Una vida de película
Clara dio un salto y se subió a lo que llama ella el tren de la vida. Después sin prisa pero sin pausa ha ido avanzando unas veces adelante, otras veces tropezando, pero siempre adelante sin bajarse del tren. Y ahí está, dirigiendo cortos para aficionados a sus 76 años, mientras nos cuenta su vida en el Paralelo barcelonés, mientras peinaba a las vedettes de El Molino. Mil anécdotas por contar, y mil historias por rodar.
De com Jacint Vila, va passar a cridar-se Keith Vila/ De cómo Jacint Vila, pasó a llamarse Keith Vila
Cuando contaba 14 años, y con el fin de librarle de las atrocidades de la guerra civil, su madre lo embarcó hacia Melbourne (Australia). Después de 30 días de travesía llegó al puerto donde le esperaban su tío Pedro, su tía y sus primas. Allí mientras freía en grasa fish and chips, con el sonido de fondo de My way de Frank Sinatra aprendió inglés. Nueve años más tarde volvería a su Barcelona natal, como ciudadano australiano, ¡cosas de la burocracia!
“Toto el que m´he proposat a la vida ho he aconseguit”/ Todo cuanto me he propuesto en la vida lo he conseguido”
Efectivamente, Pedro quiso ser pintor y triunfó. Quiso dedicarse a la música y triunfó: compuso cerca de mil temas musicales, de los que 550 han sido grabados por artistas como Julio Madrid, Marifé de Triana o Pepe Núñez (El Loreño), entre otros muchos. Y quiso ser escritor y triunfó: aunque ninguna editorial aceptara publicar su obra. Hoy se ha propuesto ayudar a un nieto suyo que le falta un gen, y seguro que triunfará.
L´abeurador/ El abrevadero
Máxima era la mayor de 11 hermanos y siempre le tocaba a ella rellenar los botijos en el abrevadero, y al menos uno por semana siempre se le rompía. La llamaban, la rompebotijos. Un día, abandonó aquel camino y se fue a servir a una familia de Tortosa. A la semana de llegar comenzaron los bombardeos y tuvieron que abandonar la casa corriendo. Allí en un cambio de refugiados entre ambas trincheras, Máxima tuvo que huir a Barcelona. Allí la acogió una familia hasta que acabó la guerra, y pudo regresar con su familia.
Las travesuras de Mariana
Mariana conserva aún esa mirada traviesa que volvía locos a todos los que la rodeaban desde pequeña. Aun recuerda el día que ahogó a un buen número de gallinas, con el fin de que dejaran de ser cluecas; o aquella vez que emulando al artista de circo que acababa de ver, empezó a subir las piernas hasta que la silla en la que estaba apoyada se venció, y se hizo una buena…, o en fin, un incontable número de travesuras, que su familia supo llevar con amor y con humor.
La vitalidad tiene forma de mujer
Carmen siempre ha sabido plantarle cara a los sinsabores que se le han presentado, quizás le venga de aquella costumbre que tenía de pequeña de subirse a los tejados de Barcelona para ver los bombardeos durante la Guerra Civil, en vez de acudir a los refugios. Viuda y con hijos, a los 49 fallecido su marido consiguió poner en marcha el sueño de tener su propio negocio y el de sacarse el carnet de conducir.
Ventanas con vistas
Lleva el pelo teñido de violeta y la ropa del mismo color, alguien le dijo que su aura era de ese tono. En su mano derecha lleva colgadas varias pulseras una con imágenes de santos y otra que la protege de las malas vibraciones. En la mano izquierda lleva una cadenita de plata de donde pende victoriosa la palabra chance. Elvira muestra estas pequeñas extravagancias, mientras sus manos se entretienen tejiendo encaje de bolillos, y pensando hacer realidad su próximo sueño: cantar gospel.
Convivint amb la vida/ Conviviendo con la vida
Con 17 años, Francisco se hizo cargo del negocio familiar. Cuando tuvo edad, se compró un coche, lo que representaba una gran libertad: cuando era tiempo de setas, a coger níscalos; cuando era Corpus en Cambrils; a la playa de Castelldefels…; O a vivir una gran aventura por Italia junto a cuatro amigos. El tiempo pasó, y su taller de metal se quedó antiguo obligándole a cerrar; al poco y con apenas 40 años le diagnosticaron parkinson. Hoy tiene un huerto que mantiene con un amigo, y sigue soñando con gladiadores, cuadrigas, etc. ¡eso si que aventuras!
Tot allò que ha anat seguint a Rússia/ Todo aquello que vino después en Rusia
“A mí me ha hecho mucha ilusión la lucha de la vida. Estoy contenta de haber nacido en una casa pobre, porque me han enseñado lo que es luchar, a trabajar, a salir adelante, y no puedes decir nunca no puedo o estoy cansada”, estas palabras resumen el espíritu de Carmen. Inconformista nata, sigue pensando en un mundo más justo, con educación para todos. Crítica con el franquismo, siempre soñó con viajar a Rusia, y cuando lo hizo, se llevó una gran decepción por los desequilibrios sociales que vio.