Sonrisas de chocolate. Recuerdos de juventud: mi primera comunión
Aquel día, fue diferente a todos. Llevaba un pantalón corto, una camisa blanca, unas medias blancas y unos zapatos de charol negro. Todos estaban muy guapos, las niñas parecían princesas, y ellos unos dandys con sus trajes prestados. Toda una fiesta organizada por el Centro Católico de Hospitalet, y en la que José descubrió el sabor de los pasteles y el chocolate. Un día dulce, alejado de la cotidianidad de los días grises y de hambre. El día de su primera comunión, esa es la historia que José nos ha querido regalar.
El silbido, la caja y el recuerdo
Odón, o Tete como le llamaban en casa, tenía la nariz aguileña y una mirada tierna y paternal. El hermano mayor de Adelaida empezó a trabajar pronto en una pastelería, por lo que algunos domingos llegaba con un pequeño pastel de regalo a su casa. Su hermana mientras, disfrutaba como los otros niños jugando en la calle a las xarranques, al pare carbasser, a saltar la cuerda y, por supuesto, a la famosa baldufa. Pero, el día que esperaban con más ganas era el de la mona. Ese día Adelaida recorría con su madre las pastelerías mirando los escaparates y adivinando el sabor de las monas. Pero, un año Tete, cumpliendo una promesa que la hiciera años atrás, se presentó con una mona gigantesca, que sus amigos envidiaron durante muchos años.
El Quixot del segle XX/ El Quijote del siglo XX
Claudio nació en 1934 en Camuñas (Toledo). Heredero de una familia de molineros, se crió viendo como la rueda molía el grano, se hacía la harina y el pan. En 1949 la familia decide emigrar a Barcelona. Allí la vida resulta difícil, y Claudio se ve obligado a trabajar de todo, cavando el campo, de conductor de autobuses, taxista … Este verano volvió a Camuñas donde presentó su libro C.Q.C. Por y para la mujer, un libro de poesía dedicado a la mujer.
Los olvidados
Emilio ingresó voluntariamente con 17 años en el cuerpo de Carabineros del ejercito republicano, corría junio de 1936. Un día junto a su hermano Alfredo, y el resto del batallón se montó en un camión y descendieron en Tortellla, donde el frente nacional avanzaba día a día y no les daba tregua. Desde allí los hermanos y diez compañeros pusieron rumbo a Francia, 24 horas de marcha sin parar les separaban del primer pueblo francés Saint Loren de Cerdans. Después vino la vuelta a España, el encierro en el campo de prisiones de La Magdalena, en Santander, y su libertad con un pase provisional.
La guerra de gracia, y su victoria
A Gracia le tocó vivir una guerra y una posguerra. Eran tiempos duros para todos, miseria, hambre, exilio; pero también y sobre todo si eras mujer, lucha contra los estereotipos y contra la vida que la sociedad te decía, tenías que vivir. Gracia ha vivido siempre en permanente lucha interna por aquello, ella lo resume muy bien en estas palabras: “Al nacer me pusieron un nombre que a través de los años he llevado, y una honra que nunca fue mía; de soltera, del padre, del marido después de casada. Ten tu boca sellada mujer, y tu frente inclinada, nunca serás nada, ten tu boca callada mujer, y la frente inclinada”. Hoy Gracia por fin, ha vencido y ha encontrado la paz.
Desmemoriaments d´una guerra/ Desmemorias de una guerra
Cuando empezó la Guerra Civil, Joseph apenas tenía tres años, pero aun recuerda el sonido de las sirenas para acudir a los refugios; el olor y el calor de los hornos en el refugio que construyeron en los bajos de su casa, y que en realidad era un horno de pan. También recuerda, cuando entró el ejército franquista a Barcelona, y el aspecto de su padre cuando volvió de un campo de concentración en Francia. Son recuerdos de un niño.
Secreto
Aquella tarde de primavera del año 1935, en una masía del Prat donde se cosechaban pimentones, Joseph, seleccionaba y limpiaba con un trapo de algodón blanco, más de 1500 pimentones. De repente tiró el trapo, cogió su bici y su caña de pescar y con su perro Calcetines se dirigió a la playa a pescar. Allí entre el rumor de las olas, y en una duermevela, Joseph habló con su abuelo Paco. Y allí empezó a preguntarse sobre el secreto de la felicidad. Esa noche tras volver a casa, habló con la luna y pensó que el secreto estaba en dar a la manivela del Ford del hijo del marqués. A la mañana siguiente condujo el coche hasta el aeropuerto del Prat. Y a la vuelta descubrió que el secreto no estaba allí.
L´avi del poeta de barri/ El abuelo del poeta de barrio
El abuelo de Frederic era un artista; cantante, humorista y poeta, plantó el epicentro de sus espectáculos en la fuente de Caramelles, en el barrio de Sarrià, donde alegraba la jornada a muchos vecinos que aún hoy se acuerdan. Una herencia que con los años Frederic ha ido gastando, y creando sus propias poesías, homenajeando por ejemplo a los comercios del barrio: “en el bar, para Maria Cinta servir bien es su anhelo, y en el mercado tiene buena pinta la fruta de Isabel” ó “el añorado bar de la plaza, bigorra el colchonero, en Can Creus el pan de barra, y la pasta del fideero”.
“A cas meva ningú passarà pel que he passat...”/ “En mi casa nadie pasará lo que yo he pasado”
Su padre murió en la explosión de un polvorín, siete meses antes de que ella naciera. Amalia siempre deseó conocer a aquel padre que nunca tuvo, de hecho cuando ingresaron a su hermano en el hospital enfermo de tuberculosis, y ella con nueve años se pasaba el día sola deambulando por las calles, llamaba papa a todo señor con el que se cruzaba. Luego, vino lo del internado, su enfermedad fruto de la tristeza que tenía y por fin, aquellas tardes de domingo en las que su madre la ponía un vestido rosa y la hacía tirabuzones.