"La marrera"
Esta no es la historia de una mujer, son los sentimientos, los pensamientos que esa mujer me hizo ver durante todas las charlas con ella. Es un escrito acerca de la experiencia que ha supuesto conocer parte de la vida de una persona que desconocía y que sin embargo se ofreció a contarla a un completo desconocido.
Tetuán
Beatriz ansiaba volar y ser ella misma, libre, sin ataduras machistas, no quería que le guiaran su forma de vivir… Soñaba con ver mundo. Y así fue, en cuanto tuvo la menor oportunidad abandonó España y se fue a vivir a Tetuán (Marruecos). Allí trabajaba de lo que podía limpiadora, cuidadora de niños… Marruecos era un país maravilloso para ella, ganaba más dinero y se sentía más libre que en su pueblo. Aún hoy, si pudiera volvería a aquella ciudad, a vivir aquellos años.
Nunca es tarde
Teresa prepara ilusionada el día de su boda y la felicidad que siente lo inunda todo. Ha elegido pasar el resto de su vida con una persona que hasta no hace mucho dormía en la calle, que no sabe leer ni escribir, pero que le hace reír y sentirse bien. Teresa tiene 86 años y está enamorada.
“El pasado es historia, el futuro …ser libre”
Pese a su frágil memoria, Pino consigue ir desgranando poco a poco recuerdos de una vida alegre y feliz junto a los suyos. La añoranza por sus hermanas perdidas, y por los amigos que ya no están, enturbian a veces su mirada, pero siempre tiene una anécdota divertida para sacudirse los fantasmas. Ahora desde sus 92 años, y con un estado delicado de salud, paladea cada instante sabedora de que la vida pasa muy deprisa, y sueña con ser libre, con mirar al mar y perderse en el viento.
Bailar sola me marea …
Una enfermedad psíquica de nacimiento hizo que tuviera que dejar el colegio. En aquella época no existía la educación especial, así que en clase no aprendía porque era muy nerviosa y tuvo que ponerse a trabajar con su padre que se dedicaba a la agricultura y a la ganadería. Hoy Mercedes va a clase de alfabetización, a natación y sobre todo a bailar, aunque tiene que sentarse con frecuencia, bailar sola la marea.
- Las Palmas de Gran Canaria
- Mercedes Rodríguez Reina, 78 años.
- Ariana Fernández Franchy, 25 años.
- Descargar historia (PDF)
El brillo de la vida
Aún conserva el gusto por hacer travesuras. A sus 92 años, Eulalia busca siempre la ocasión para gastar una broma a sus compañeras de centro, buscando cómplices en cualquier lugar. Vive tranquila, y con la ilusión de ver como su biznieta de ocho años ha heredado el amor por la danza y la canción que siempre tuvo ella.
- Las Palmas de Gran Canaria
- Eulalia Santana Henríquez, 92 años
- Cristina del Carmen García Romero, 26 años
- Descargar historia (PDF)
La fragilidad del cristal
“Pase lo que pase, ya sea la pérdida de un ser querido, un hijo o sus padres, o un desgraciado accidente que te haga perder la movilidad de las piernas, que destruyó sus frágiles huesos, lo realmente importante es no perder nunca la sonrisa”, este es sin duda la experiencia que Eloy extrae, tras sus encuentros con Concepción. Su arma de destrucción masiva, con él la llama, es su sonrisa.
- Las Palmas de Gran Canaria
- Concepción Quesada Santana, 70 años
- Eloy González Domínguez, 29 años
- Descargar historia (PDF)
¡No somos nadie!
Vivió una infancia feliz, junto a sus nueve hermanos y sus padres. Pudo ir al colegio, comer todos los días bien, y tener vestidos, hasta que a los 13 años su padre murió y tuvo que ponerse a trabajar. Después vendría el matrimonio, y cuatro hijos a los que cuidó con esmero. Pero toda aquella armonía, se rompía cada tarde, cuando su marido volvía del bar: el hombre angelical del que se había enamorado, por las noches se transformaba en un monstruo, en un ser violento, agresivo, humillador y temerario.
Historias del amor y de la vida
Se enamoró de un primo hermano suyo. Pero esto no fue obstáculo, para que pudieran vivir su amor en plenitud. Se casaron a las cinco de la mañana, y el amanecer les cogió de camino a su nueva casa. Cinco hijos, tuvieron, y lucharon, trabajaron y sonrieron juntos hasta que él murió. Hoy Adelina, disfruta de su vida, rodeada de los suyos, su último deseo morir sin hacer sufrir a su familia, sin sufrir ella.
La historia de Modesta
Con la llegada de la zafra, que duraba desde septiembre a mayo, el municipio de Ingenio donde vivía Modesta, se llenaba de patrones de las islas vecinas ofreciendo empleo a sus moradores. Era entonces, cuando Modesta y Antonio, tenían que separarse. Y era entonces, cuando le llegaban rumores de los coqueteos de Antonio con otras mujeres, pero que Modesta nunca creyó. Su amor y confianza en su amor, les llevaron a pasar juntos el resto de su vida.