Bienvenida al país de las oportunidades
Con 46 años, Cristina Helfers sintió que su vida en Perú había llegado
a su fin, y decidió poner rumbo a Estados Unidos para empezar de nuevo.
Allí, estuvo 17 años, que recuerda con verdadero cariño, adora ese país
por su orden y estabilidad. Pero, los hijos tiran mucho, y decidió hacer
las maletas y trasladarse a España, donde ya vivían cuatro de sus cinco
hijos, corría el año 1999. Y aquí está, a veces un poco deprimida y echando
de menos a los amigos, pero piensa que será aquí, donde pase sus últimos
días.
¡Adelante a toda!
Todavía recuerda aquella mañana por 1931 cuando recibieron en el colegio
la visita de La Pasionaria, Adela y sus compañeros la seguían detrás
cantando y corriendo. Cinco años más tarde una bomba destrozaría su casa,
y tendría que irse a vivir con su familia a una cueva de su pueblo, Villa
del Prado. Después vendría Madrid, sus largas jornadas de trabajo, el
matrimonio y los hijos.
La vida es un camino a elegir
Toda su infancia fue una mentira. Ni su madre había muerto, ni su padre,
ni su hermano. Ella tenía una familia. Una familia que no conoció que
la abandonó. Y una familia que la mintió. Después de aquello ¿Cómo creer
en alguien? ¿Cómo creer algo?
Du bist die ruhes
Y entonces él le traducía Du Bist Die Ruhe mirándola a los ojos, con
su voz preciosa : “tu eres mi calma, mi reposo”. Ella tocaba el piano,
y él con su bellísima voz lo envolvía todo. Su corazón brincaba de nuevo,
como el de una adolescente con su primer amor. Pero él, la rechazó, él
prefirió seguir siendo tan sólo eso un buen amigo. Y María Luisa, lo
aceptó en cierto modo aliviada. Ahora, pasado el tiempo puede estar a
su lado, disfrutar de su compañía sin esos sofocos de adolescente que
tanto la perturbaban.
Amparo
Quien la iba a decirle a Amparo que aquel mes de agosto en el que abandonó Salamanca
para irse a trabajar a Madrid, pocas semanas después tendría ocasión
de saludar personalmente a Los Beatles, o visitar las cuevas del Drach
en Mallorca. De aquel tiempo es también la fotografía de la parroquia
de San Agustín: en la esquina derecha de la imagen, Pepa Flores jovencísima
junto con otros invitados; en el centro de las escaleras, Rafa, su marido
de traje y Amparo vestida de novia.
Carta a mi madre
A través de este relato, Mª Teresa ha querido hacer un pequeño homenaje
a su madre. Siempre estuvo a su lado, aunque hubo momentos en los que
se sintió incómoda con su presencia y Mª Teresa quiso romper lazos. Pero,
pasadas las tempestades, encontraron tras los derrames cerebrales de
su madre, y su invalidez, la etapa más feliz y tranquila. Donde ambas
se encuentran, y disfrutan, después de aparcar responsabilidades y obligaciones.
Los versos de una vida
El parque de El Capricho, propiedad de los duques de Osuna, despertaron
su alma creativa: el embarcadero, el refugio, el palacio…; una afición,
la poesía, que le persigue hasta hoy en día. Cualquier sitio es bueno,
cualquier ocasión es buena para escribir unas líneas, incluso sobre su
encuentro con Almudena: “Con el máximo respeto y toda sinceridad/ a una
bella señorita/ mi apoyo quiero prestar…”.
‘Puesta en el aire con la auténtica voz de España: Nina Martínez
de la Torre´
Durante 30 años, Victoria Martínez de La Torre, a la que todos llaman
Nina, comenzaba así Ronda Española. A sus 76 años poco ha cambiado la
voz vivaracha que acercaba, a través de las ondas, las costumbres españolas
a los residentes de la provincia argentina de San Juan. Fuerza, garra
y corazón son en esencia dos de las características que hacen que Nina
pueda definirse, sin faltarle razón, como una mujer irrepetible.
“…Y un remedio sobre otro en mi vestido”
“Nací en Serranillos. No había luz, ni nada. Sólo miseria. Mi padre
era pastor y dormía siempre en el campo. Mi madre segaba trigos ajenos
y atendía el huerto. Mi abuela era la matrona de todos. El día era frío
y la noche siempre oscura. Comíamos lo poco que daba la tierra: para
desayunar, patatas en puchero; al mediodía, judías y patatas; y por la
noche, patatas en sartén…Vivía descalza. Era otra época”. Este es el
relato de la infancia de Julia Gómez.
Estos ojos ya no son verdes
A su marido lo define como “un filósofo”, con Rafael se enamoró por
primera vez pero, con Damián, fue con quien conoció “lo que es el amor
que puede dar un hombre, pero poquito a poquito, entregándose a ti para
que tú seas feliz”. Con Damián logró la unión de verdad hasta tal punto
que Pilar, de ojos verdes, le dijo a Damián, que los tenía marrones: “Damián,
se te están poniendo los ojos verdes, a lo que él contestaba: pues sólo
me falta que mi madre me los vea”.