Humildad: la virtud sin término medio
Todos los primeros de noviembre, María vuelve a su pueblo natal, Sacedón
(Guadalajara). “Esa jornada es como un día festivo de campo, pues hay
orquesta, misa mayor, bailes populares o pequeños encierros” que reúnen
a los sacedonenses tanto para disfrutar de un ambiente distendido y alegre
como para recordar a los seres queridos que ya no están”, nos cuenta
María. Para ella es además la ocasión de reunirse con su familia y con
sus amigos y vecinos de toda la vida.
Sueños de trapo
Para reunir algunos ahorrillos, machacaba piedra para arena que vendía
luego por una peseta, o compraba telas para hacer vestidos y poder confeccionar
ropa para la familia. Así, al llegar el día de su boda, decidió cumplir
su sueño de casarse de blanco, cuando todas las mujeres lo hacían de
negro. Diseñó un traje precioso y se convirtió en la primera novia de
blanco de su pueblo.
Y de la nada, todo
Érase una vez un país muy lejano donde fue a parar José, eligiendo
así su destino. Su única vía de escape para no hacer la mili fue marcharse
a la Argentina, dejando atrás su tierra, Madrid, con tan sólo 19 años,
sin saber que su estancia se prolongaría durante 37 años.
Cuba, dos sueños y un destino
Corría el año 1995 cuando el padre de Mª Teresa, ya muy mayor, se acercó para
decirla que intuía que el final de sus días se acercaba. Le pidió que
le concediera un último deseo antes de morir. Ansiaba salir de Cuba para
regresar a la vieja madre patria que le vio nacer hace 93 años. Allí,
en una aldea lejana y oculta por las verdes colinas gallegas, vivía un
hermano suyo que desde los 18 años no veía. Quería recordar aquellas
tardes en el pueblo, ver como se encontraba su tierra, volver a la casa
donde pasó su infancia; aquella casa que tuvo que dejar para partir en
busca de una vida mejor en la Cuba próspera y rica de comienzos de siglo.
Aquel deseo cambió la vida de Mª Teresa.
“Mi secreto es querer siempre aprender”
Toda su familia vivió entre agua y cielo, por eso no es extraño que
Juan también acabase en la Marina, antes de pasar a ser secretario del
ayuntamiento de un pueblo de Madrid. Se lamenta del presente, pero no
critica que entre los padres y los hijos se vaya perdiendo el respeto, “se
va perdiendo el cariño”, dice con ternura rememorando a su familia. “Si
hay algo que no se me olvida, es cuando le di el último beso a mi hermana
de 11 años, que se murió tras quedarse encogida por un proyectil…, ni
sus ojos”, recuerda emocionado.
Una mala infancia, una gran longevidad
Carmen se emociona al recordar a su madre, que falleció como consecuencia
del hambre que pasó, ya que lo poco que conseguían para comer prefería
dejárselo a sus cinco hijos. Carmen se queja de no haberse dado cuenta
de ello cuando era pequeña, y en más de una ocasión declara que le hubiese
gustado contar con su presencia en la actualidad, para poder cuidar de
ella.
Un proyecto, de medalla de oro
José Mª, presentó su proyecto, la Ciudad de la 3ª Juventud para nuestros
mayores, en el Congreso Internacional de la Innovación celebrado en Madrid
en 1987, lo que le hizo merecedor de la Medalla de Oro. Un recinto peatonal,
que contara con cuatro circunferencias, en las que irían viviendas y
una central donde estarían los servicios básicos de médicos, tienda o
cualquier necesidad. El recinto se alimentaría de energía solar para
la electricidad y todo sería natural buscando el mayor ahorro de energía
posible. Buscando siempre crear una armonía plena.
La hija del amor
“Tenía ocho años cuando comenzó la guerra civil: era la mayor de cinco
hermanos y me llamaban `la hija del amor´; la primera, la que venía con
toda la ilusión del mundo”, relata Loli. Su abuelo, que era un jefe de
Telefónica, consiguió evacuar a su familia y a otras tantas a los sótanos
del edificio de la Gran Vía, el más alto de Madrid en aquellos días.
Y ella, inconsciente, subía con los demás niños a la azotea, desde donde
veían a los moros disparar a la población civil en la Casa de Campo.
Entonces ya quería ser bombero, pero la vida la tenía preparada otras
sorpresas.
Teodora, alias `La Marquesa´
“Soy Teodora y me llaman la marquesa. Las cosas son como son y así es
como tienen que estar, puntualidad y compromiso es lo que le hace falta
al mundo”. Así se presenta esta soriana, afincada en Madrid, que nunca
pasó necesidad. Apenas recuerda la guerra como algo trágico, incluso
sus juicios sobre los caídos conservan el odio de las dos Españas, desnudan
su ideología igual de latente que entonces, y alaba los lujos y faustos
que adornaron desde siempre su existencia.
Chilena de nacimiento, española de corazón
1944. Inicio de una nueva vida. Silvia, una adolescente viva, dulce
y divertida, pierde uno de los pilares de su vida: su abuela materna.
Se siente vacía, así que decide indagar en su familia paterna, española
y a la que no conocía. 1948. El núcleo familiar viaja a España, su padre
le tramita la nacionalidad española. 1983, diez años después del acceso
de Pinochet al poder, Silvia, su marido y sus tres hijas se instalan
definitivamente en España.
Siempre acompañada
Teresa fue niña, superviviente, luchadora. Hoy es madre, abuela, pronto
bisabuela, pero siempre, mujer. Mujer de su marido. Aquel por el que
se teñía el pelo de rubio y se arreglaba con sus mejores galas. Esos
retales de coquetería la siguen acompañando en sus ojitos maquillados,
sus labios perfilados y su vestido sobrio y elegante.