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Murcia

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Mi bellísima experiencia

Conocer la vida Encarna, su valentía para salir de situaciones duras y cómo se ha sacrificado para dar lo mejor a los suyos, siempre con optimismo, valorando todo lo que se tiene, es una fuente de inspiración para ser más consciente de las pequeñeces de la vida, almacenar lo bueno de las experiencias y lo mejor de las personas, y mirar siempre hacia delante a pesar de las adversidades.

Que parto más bonico…

De todas sus muchas vivencias, Chelo comparte un momento de su niñez que forma parte de las pequeñas vivencias que dan sentido a la vida. Recuerda una noche en la que ella y su hermano mayor Paquito, con cuatro y siete años, respectivamente, hicieron frente al parto de su marrana en la casa de la huerta murciana donde vivían. Eran tiempos difíciles, con pocas comodidades pero ricos en sentimientos que el paso del tiempo no puede borrar.

La eterna llama

Todos en su pueblo lo sabían excepto ellos. Francisca y su amiguito de infancia Eduardo eran dos almas gemelas. Su destino era el mismo y así fue. Pasada la niñez perdieron el contacto, pero la vida les volvió a unir en un espectáculo de la Niña de la Puebla. Eduardo eliminó todo resquicio de miedo al fuego que sufría Francisca justamente prendiendo en ella una cálida llama que le ha acompañado en los buenos y malos momentos de la vida. Una llama que lleva encendida 58 años.

Una rosa entre espinas

Manuel conoció la soledad a los 12 años al morir su madre. Pero lejos de rendirse ante la vida, su existencia ha sido una apuesta continua por la superación. En el Ejército creció como persona, acompañado de su mujer y sus cinco hijos. Pasó momentos difíciles como su participación en la crisis de la Marcha Verde marroquí en el Sahara en 1975, pero a la hora de recordar prefiere contar cosas buenas y relatar una vida llena de esfuerzo por alcanzar lo que le arrebataron de niño.

“Con esa negra yo me tengo que casar”

El amor puro juvenil se convirtió en el amor de su vida. Andrés, el muchacho que venció su timidez y con un “Con esa negra me tengo yo que casar” franqueó todas sus reticencias consiguió finalmente enamorar su corazón. Lo que empezó como un día de playa, allá en 1947, ha terminado en tres bodas: la original, la de Plata y la de Oro. Pepita ya está preparando la de Platino, más agarrada a la vida que nunca tras haber superado un cáncer de mama que le ha enseñado a luchar al máximo por las cosas que le hacen feliz.

Esclavos del tiempo

Martín se presenta como una referencia para los jóvenes de hoy encarcelados en el consumismo. El niño que conoció los sinsabores de la Guerra Civil y la posguerra salió optimista y luchador. Pese a estudiar sólo hasta los ocho años, consiguió crear su propia empresa y hacerla grande al mismo tiempo que crecía su familia; todo ello, mientras atravesaba cuatro crisis económicas. ¿Creen de verdad que alguien como Martín no podría contribuir a solucionar la actual situación de crisis?

No cesa el mundo de perder, momentos que yo intentaré beber

A pesar de los horrores de la guerra, Eulalia fue testigo de que el ser humano está por encima de ideologías. En su pueblo, dos amigos de ideas contrarias, uno franquista y otro republicano, se salvaron la vida mutuamente cuando partidarios de uno y otro bando fueron a matarles. “Es triste que setenta años después no nos demos cuenta de que en esas luchas no gana nadie. Cuando veo en la televisión las guerras en el mundo, me entristezco”, afirma.

Ladera abajo

Juana ha sido una luchadora y una autodidacta toda su vida. Si no la enseñaban, ‘se enseñaba’ ella. Como cuando entre coches y furgonetas de la empresa de su padre aprendió a conducir por sí misma, para convertirse luego en la segunda mujer de Águilas en sacarse el carné. Se recuerda siempre aprendiendo. Pero puestos a recordar, lo que la emociona son los juegos con sus hermanos en la finca familiar, allí aprendió a nadar, a montar en bici y a rodar ladera abajo metida en una rueda.

La vida al límite de Angeles

La feliz vida de la niña Ángeles en Chaouen (Marruecos) se rompió cuando su padre, Guardia Civil, pidió el traslado a Murcia. Allí le tocó criar a sus hermanos y ponerse a trabajar. Encontró de nuevo la felicidad con José Luis, pero pronto se vio viuda y con cuatro hijos. Su trabajo como una de las pioneras del Servicio de Ayuda a Domicilio le ayudó a retomar la vida con fuerza y a seguir superando los retos de la vida, como el que tiene ahora con su nieto, que sufre un daño cerebral.

La soledad de la araña

Carmen llevaba en Luxemburgo una doble vida. En el trabajo se codeaba con lo más refinado de la sociedad pues trabajaba en una boutique exclusiva, pero su hogar familiar era una pequeña habitación sin calefacción. A su vuelta a España, una enfermedad degenerativa le impidió montar un taller de corte y confección. Pese a todo, nunca se ha dado por vencida, a los 67 se mantiene lejos de la silla de ruedas en la que los médicos la veían hace ya mucho tiempo…

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