Disfrutar sencillamente la vida
Encarna parece la sencillez hecha persona. Su vida no responde a grandes gestas, es su sencillez la que la hace grande. Nació en Murcia, pasó, como tantos otros, los apuros de la posguerra e hizo realidad su sueño: ser maestra. Al volver a casa disfrutaba en animadas charlas con sus padres. No se casó, ni tuvo hijos. Ella dice que su Dios, al que tanto quiere, no había preparado para ella ese camino. Sólo una inquietud parece agitar ese océano de paz que parece su vida: Su gran amor por Andalucía.
Caminos unidos
“Cuando inaugure el nuevo centro social ya me podré morir tranquila”. Son las palabras más sinceras de Ángeles. Mujer luchadora de Orilla del Azarbe en Murcia, recuerda cómo ha sido su lucha por conseguir el centro social para los mayores de su localidad. Ser directora de dicho centro implica también, comprometerse a ayudar a aquellos usuarios que soliciten su apoyo. Tal fue el caso de Carlos, una persona mayor que no podía afrontar sólo los problemas con el alcohol de su hijo.
Una historia surrealista
Rosa recaló con su madre maestra en un pueblo murciano en el que recuerda haber vivido algunos momentos memorables. Tenía 16 años. Se codearon con los marqueses del pueblo que, aunque distantes, siempre fueron amables con ellos. Recuerda, sobre todo, el gran banquete que celebraron para recibir al padre del Rey, que por entonces vivía en Portugal. También, cuenta las aficiones de la marquesa que tan pronto podaba árboles como ordeñaba vacas.
Aprender es cosa de niños
“Aprender es cosa de niños, aunque el conocimiento venga después”. Celedonia es consciente de las penurias que pasó en su infancia, pero reconoce que, a pesar de todo, fue una niña feliz ayudando a sus padres en todo lo que podía. Ignoraba la frágil realidad de la que formaba parte y se sentía segura en su hogar; no obstante, siempre le quedará la espinita de no haber podido seguir estudiando. Ahora en el centro de mayores se ha tomado la revancha, asiste a clases y no se pierde ni una.
La carta que nunca llegó
Fina en su juventud se debatió entre el ambiente abierto que conocía en Marruecos y la España de moral austera. Entre el tradicional Gabriel y el liberal Claude. Apostó mal. Afortunadamente, la vida le dio una segunda oportunidad y formó la familia que deseaba con otro hombre, Mariano. Al cabo de los años, Gabriel apareció de nuevo en su vida y le preguntó por unas cartas que no contestó y podrían haber cambiado su destino. Él nunca las recibió.