Viviendo con la muerte
José Ramón ha vivido siempre notando la sombra de la muerte a su alrededor: sus padres, su abuela, su mujer…; pocos momentos felices le regaló la vida durante su infancia y juventud, pero aún recuerda con una sonrisa la cara de sorpresa de su abuela al ver ese raro objeto llamado bicicleta; o las travesuras de su amigo, que sisaba las pesetas a su tía.
Con los pies en la tierra
Puri dice que ahora su vida es perfecta, que está viviendo el mejor momento de su vida. Es la primera vez que tiene su propia habitación (con baño incluido) y que está rodeada de gente que la quiere. Nacida en un hospicio, sin saber su fecha de nacimiento, trabajando de casa en casa, sin grandes historias de amor que contar, y un intento de suicidio que se saldó con 30 años en un hospital psiquiátrico… ahora por fin, en una residencia, Puri se ha librado de su pasado y es feliz.
Para llamarse Antonio Reis Dosantos
A medio camino entre España y Portugal, Antonio Reis Dosantos ha vivido una intensa vida. Fue un niño dado a la calle y un adulto dado a la casa, que ha aprendido a ser abandonado por la calle y desalojado de la casa, a sobrevivir a la muerte y a ‘sobremorir’ a la vida. Una vida en la que también hay que saber decir alguna estupidez como, por ejemplo, “te quiero”. Reconoce que vivir es duro, pero ha sabido hacer de la dureza un canto rodado.
Mil palabras
Angelina ama la vida, La Vida con mayúsculas. Cuando piensa en su vida prefiere recordar los abrazos al regreso de su padre de la Guerra de Melilla que la angustia de su ausencia; el andar descalzos sintiendo la hierba en su niñez en vez de la pobreza de no tener ni para zapatos. Y es que la forma de ver las cosas, puede cambiarte la vida. Angelina tiene orgullo del bueno, el de ser ella misma, seguir siendo quien era y por ello es feliz.
Una generación invencible
A Oliva le tocó presenciar en su infancia cosas que un niño no debe ni siquiera saber que existen: guerra, muerte, horror, angustia. Luego vivió la dura posguerra, sinónimo de hambre, enfermedades y mucho trabajo. Pero a pesar de tanto sufrimiento, no ha permitido que fuera su duro recuerdo el centro de su vida, una vida feliz que ahora sigue compartiendo con su marido aprovechando todas las oportunidades de viajes y actividades que antes nunca pudieron realizar.
Prisionero del recuerdo
Esteban recuerda los intensos años que vivió en la Cuba pre-revolucionaria, revolucionaria y post-revolucionaria. Años de lucha, de justicia, de ilusiones y de desilusiones en los que estuvo acompañado por el amor de su vida, Florencia. Ahora que ella ya no está, es difícil agarrarse a la vida, y, sobre todo, revivir esos tiempos tan importantes en su vida, justamente, en la misma residencia en la que pasaron juntos los últimos tres años.
Un amor en las antenas
El amor de Luchi es un hombre-antena llamado Joaquín. Hace más de cuarenta años que recibe su señal sin interferencias, desde que le descubrió subido a los tejados de las casas vecinas a la que servía. Él era un joven albañil y ella, doncella en la casa de un coronel de la Guardia Civil. Al principio ella se hacía la remolona al escuchar sus piropos, pero la conexión ya estaba hecha; unas palabras, luego paseos, películas, bailes… y tras un cortejo de dos años, Luchi y Joaquín se casaron.
Una mina de recuerdos
A pesar del trabajo duro y del peligro que supone trabajar en una mina, Máximo lo tiene claro, su máxima ilusión sería “Volver a trabajar en la mina. Si hiciese falta gente para trabajar, me iría de cabeza”. Y es que los momentos de camarería vividos en ella son difíciles de olvidar. La añoranza de sus años en la Cuenca Minera Asturiana casi han borrado los terribles años de la posguerra que le tocó vivir siendo un crío, y es que puestos a recordar, Máximo no duda en rememorar lo bueno antes que lo malo.
El viaje con Marcela
Por culpa de la guerra y la posguerra, Marcela no pudo colmar sus inquietudes, pero el miedo de esos tiempos no pudo con sus ganas de soñar, de enamorarse cada día de la vida y de los que la rodeaban. La mirada de Marcela proyecta vida y batalla, es de las que no se quedan inmóviles en el camino; su fórmula secreta para ser feliz es vivir cada instante y aprender cada pequeña cosa con ilusión.
Llanto de alegría
Una operación sin importancia, una habitación de hospital y una vivencia difícil de olvidar. La muerte se cruzó con la vida. Mientras nuestro protagonista se sentía vivo, tumbado en la cama, la gente que le rodeaba actuaba como si hubiera muerto. Los sollozos de su mujer, las condolencias de sus amigos… excepto, sorprendentemente, de uno, de quien menos se lo esperaba… Una luz blanca que lo inunda todo y ¡zas!, vuelta a la vida, llora y allí está su mujer que no comprende nada…