Un cuento infinito
A Isabel y Ángel se lo pusieron difícil, pero continúan viviendo su cuento sin fin… Ángel llegó tarde a su cita para casarse con Isabel, y más de un familiar ya la veía ‘solterona’, al cura se le olvidó que tenía que celebrar su ceremonia… Pero nada pudo con el destino de felicidad que les aguardaba, pese a que no pudieron disfrutar de una ‘Luna de Miel’ por las dificultadas económicas del momento. Da igual, como dice Isabel, las parejas humildes como ellos fueron los que hicieron grande a España.
Mujer y madre
Angelina ha encontrado por fin su espacio en la Tercera Edad. Más concretamente como presidenta de una Asociación de Mayores. Antes, las labores propias como ama de casa, responsable de un negocio y madre, la impidieron concebirse a sí mima primero como sujeto con derechos y luego como ‘servidora de los demás’. Angelina ha rehusado vivir la tercera etapa de su vida sencillamente en el hogar, acallada, viendo la televisión o escuchando la radio.
Recuerdos centenarios
Florencia habla con la autoridad que le otorgan sus 101 años de experiencias. Muchos de ellos, la mayoría, sin parar de trabajar. De sus trabajos destaca su estancia en un hotel. “Cuando me fui a jubilar, me dijeron en el servicio social: ‘¡Uy, señora si no han pagado por usted!” (…) “Lo que yo trabajé para no venir a morir ahora a la orilla del río, como se suele decir; ‘venir a la orilla del río’: sin una perra y sin nada. Y es verdad”.
Crónica de una vida feliz
La vida de Pilar ha sido un cambio constante. De su pueblo de Rasueros al Castillo de Castronuevo, de Castronuevo a Peñaranda de Bracamonte, de Peñaranda a Salamanca; de una vida en el campo a los avatares de la ciudad; de ama de hogar a comerciante; de vivir feliz con su esposo a vivir feliz sola. El amor a su familia le ha ayudado a afrontar y asimilar todos estos cambios con una mentalidad luchadora y optimista, la de una mujer feliz como ella.
Historia sobre la inundación del barrio de Chamberí-Alambres de Salamanca (1976)
La historia de Benito es la historia del asociacionismo vecinal en España. Unas organizaciones que nacieron de las necesidades diarias de la gente trabajadora por conseguir unas condiciones de vida dignas en sus barrios y que fueron claves en el devenir de la transición española. En concreto, Benito nos cuenta su lucha en el barrio de Chamberí-Alambres de Salamanca, un lugar sin agua potable, calles asfaltadas, aceras y canalizaciones sanitarias cuando llegó a él en 1967.
Conversando con Jerónimo
A Jerónimo, Jero para los amigos, le ocurrió lo que todo el mundo ha soñado alguna vez: encontrarse con una cartera llena de dinero (en concreto con 51.000 pesetas que, como dice él, por entonces bastaban para comprarse un piso en Salamanca). Pero como no le gusta quedarse con lo que no es suyo, buscó al dueño de la cartera extraviada y le devolvió la cartera y el dinero. ¿Recompensa? “Las gracias... Para mí fue suficiente, no esperaba más. La vida te da más cosas que el dinero…”.
Y el hombre se hizo verso
La casa de Antonio es como él: transparente, como ese enorme ventanal que sustituye la cuarta pared del salón en donde me cita; cálido, como la luz que nos envuelve a nosotros y al resto de muebles; pragmático y funcional, porque la vida te enseña a desechar las superficialidades y a adornar con gusto un salón; y, por encima de todo, lleno de historias. Pero lo más sorprendente de él no es el afán por relatar su vida, que también, sino su vocación por hacerlo en verso.
El sueño de ser torero
Virgilio quiso ser torero desde niño. Todo giraba en torno a ese mundo. Pese a que tuvo que ponerse gafas y eso truncaba su vocación, el joven no cejó en su empeño y tentaba a la suerte colándose en fincas para torear vacas. Una noche sufrió una cornada y estuvo en coma. Afortunadamente, salió con vida. Entonces, descubrió que en la vida había otras cosas por las que luchar. Se dedicó a los negocios de su familia, se casó y tuvo dos hijos, que hoy son arquitectos.
“Yo no sé lo que es aburrirse”
Pat es una mujer asturiana de espíritu revolucionario a la que le gusta la vida y, sobre todo, la libertad. Junto con sus dos hijos superdotados y su marido Chema, ha recorrido medio mundo en camping. En su vida ha hecho casi de todo, pero asegura que le quedan muchas cosas por hacer. Sólo le tiene miedo a algo: la muerte. “Mi vida es preciosa, todo lo veo guapo, todo lo veo azul, no hay nada feo, yo no sé lo que es aburrirse”, dice con una sonrisa a modo de presentación.
Una vida solidaria
Ignacio siempre está lleno de ideas, de iniciativas que puedan ayudar a la gente. Tiene 83 años y una apretada agenda de acciones sociales. Desde que era niño, recuerda la satisfacción que le daba ayudar a los demás. Cuando era trabajador de RENFE promovió el llamado ‘Pase de gorra’ entre sus compañeros para recoger dinero y dárselo a los necesitados. Ha colaborado con la ONCE, la Cruz Roja, y ayudado en la creación de la asociación ‘El Respiro’ para cuidadores de dependientes en Salamanca.
Piel blanca, alma negra
Ana María fue una de las víctimas de la independencia de Guinea. Se vio obligada a abandonar esa tierra en la que había sido tan feliz, donde comenzó a formar una familia con su marido. Parte esencial de esa felicidad también correspondía a sus sirvientes, que fielmente habían trabajado para ellos durante años y a los que habían acogido con gran cariño, un cariño correspondido con agradecimiento por su parte. Recuerda, sobre todo, a Obot, su boy.