La importancia del pasado
Era un lunes de abril de 1941, las campanas de los redentoristas estaban sonando. José se encontraba en su cama pensando en las consecuencias derivadas de su ausencia, en el castigo que impuso el padre Bernardo el día anterior. Pero a la vez estaba alegre porque había ido con su tío a ver a mi Racing a Bilbao. Fue un día fabuloso lleno de alegría e ilusión pero la tarde fue triste porque su Racing perdió 3-1 a última hora.
Mis charlas con Mª Luisa
Nadie la enseñó; sino que ella misma fue reconduciendo todo lo que de arduo y duro se le iba presentando a lo largo de su vida: un trabajo muy sacrificado en la juventud, la muerte de su marido siendo ella muy joven y con un hijo, y la muerte de éste hace ahora dos años.
“Tenemos un pensamiento libre”
Este mecánico de máquinas de escribir, sumar y calcular, nació en el año 1916 en el barrio madrileño de Puente de Vallecas. En la década de los 30, la II República española comenzaba a abrirse paso, “creíamos que nos traería la libertad; de hecho, el 14 de abril de 1931 España era una fiesta, todo el mundo salió a la calle a celebrar el triunfo electoral, a celebrar la libertad -recuerda Ricardo-. Muchos no sabían ni siquiera lo que entrañaba ser republicano, sólo pensaban que lo nuevo sería mejor”.
La misión del `padre´ Blas
Blas López nació en un pequeño pueblo de Cuenca en 1916. Casi desde su nacimiento y hasta los 20 años, trabajó en la compañía de teatro de su familia, con la que recorrió toda España. Tras el estallido de la guerra civil, luchó con el bando republicano y terminó en un campo de concentración en Francia, del que escapó milagrosamente. A su regreso a España, Blas decidió marcharse a Santander, donde se ve solo, sin trabajo y sin nada ni nadie a quien recurrir: toca fondo. Aquí inicia lo que él sintió que era su misión en la vida: ayudar a los demás.
La otra historia
Miembro de la sección femenina de la Falange Española desde niña, y perteneciente a una familia de derechas, Mª Antonia aborda el tema de la guerra civil desde un prisma personal y subjetivo; pero lo hace con respeto y sencillez. Durante la contienda se encargó de preparar los mensajes, ocultos en el interior de revólveres, que pasarían a través de las montañas hacia los soldados del bando nacional. Eran conocidas como `las espías´, aunque a ella nunca le gustó esta consideración: simplemente hacía todo lo que estaba en su mano para ayudar a aquellos que, en su opinión, merecían la victoria.
Vivir
“Coger una mochila meter en ella un buen libro y todas las ilusiones de mi vida y con ello recorrer el mundo. Esa ha sido mi gran ilusión. Recorrer el mundo hasta encontrar ese lugar donde hallar la paz que tanto he necesitado, compartir ese momento con mi gente, la que me quiere y a la que yo adoro, y disfrutar de todo eso con una buena música”. Esta es la ambición de Nieves Carrera, de 74 años, después de una niñez que no existió y en la que vivía escondiéndose de las tormentas que les acechaban, a ella y sus hermanos, continuamente.
El roble que nunca cayó
Hija de don Domingo Pozas Acebo, educado en Estados Unidos, que después de un periodo por aquella tierra, decidió volver para instalarse en Santander, donde conoció a doña Asunción Rivas Callejos; con la que se casó bastante joven. Leti fue hija única, creció en una familia amorosa. Asistió a la escuela laica donde tenía que estar prácticamente todo el día, en su familia nunca faltó nada. Quizás por eso, su decisión de ser moja, cayó tan de sorpresa en aquel ambiente tan poco religioso en el que se crió.
¡Vivan los indios!
El destino quiso que Manolo encontrara aquel espectacular bote de pintura blanca y una buena brocha de esas gordas, gordas. No se lo pensó dos veces, probablemente ni lo pensó, salió de su interior, tenía que marcar su territorio y se puso manos a la obra. “¡Vivan los indios!”, contemplaba orgulloso su enorme obra en el asfalto cuando de lejos alguien le observaba. Era un romanón, un policía de los de aquel entonces. ¿Cómo que ¡Vivan los sin dios!? Manolín corrió y corrió pero de nada le sirvió, en pocos minutos el enemigo se presentó en casa.